Saturday, February 29, 2020

¡¡IMPACTO MORTAL!!


Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Hace un tiempo la revista DECIBEL declaró 2017 como el año del Death Metal debido a la cantidad de lanzamientos hechos por bandas importantes, pero dadas publicaciones recientes como la de la revista Kerrang! haciendo un listado de las 50 bandas de Death Metal más importantes de los últimos años, o BangerTV haciendo un Lock Horns sobre el Death Metal Moderno, parece que esta es una tendencia para rato. Aunque desde los inicios de este milenio se habla de un revival del Thrash Metal, que a pesar de lo que digan los “eruditos”, no parece morir y los fans no se cansan de ser supuestamente repetitivo; cada vez veo más publicaciones y lanzamientos alrededor del Death Metal y todos sus subgéneros, de pronto sea por un sesgo personal, pero lo encuentro divertidísimo. Así que de una manera personal quiero ofrecerles en este espacio las razones por las que considero al Death Metal el mejor de los hijos del Heavy Metal, y la alegría que me produce este reciente auge:

Lo primero, y el rasgo más evidente del Death Metal, es lo Over the Top que es este género extremo, lo EXCESIVO que puede llegar a ser, desde sus sonoridades de afinaciones bajas, altas distorsiones, baterías explosivas y voces guturales; a lo explícito de sus portadas, líricas y estética en general que no se desvía en simbolismos y ambigüedades. El Death es un claro ejemplo de la estética que sumaba camp con violencia predominante en lo últimos años de la Guerra Fría (piensen en las películas slasher, Mortal Kombat o Image Comics), y desde entonces ha logrado perturbar hasta a sus mismos fans, y es lo que los no conocedores oyen en su cabeza cuando oyen hablar de Metal extremo, demostrando la relevancia de su impronta. En este género extremo no hay concesiones de ningún tipo, y estoy completamente seguro, que de seguir el ejemplo de otros géneros musicales de la época en que nació, se le llamaría “Hardcore Metal”.

Este exceso va de la mano con un tema corporal que no se limita a las sangrientas portadas, las líricas descriptivas o lo demandante de su interpretación musical, sino que es una música donde el oyente no se puede quedar quieto de ninguna manera, haciendo que su cuerpo reaccione. Así que un buen tema de Death es genial para un pogo, cabecear como un loco, ir a buen paso por la calle, o abrirse paso por Transmilenio; el hecho de tener ritmos tan marcados en toda su instrumentación, siendo de lo que más se caracteriza en realidad, lo acerca bastante a la música rítmico-energéticas, en especial el componente de inyección de adrenalina que esta busca proveer. Esta corporalidad también alude a la sensación que produce muchos de sus seguidores, quienes notoriamente sienten tener tres metros de altura y gran fortaleza física al entrar en la catarsis colectiva que representa un concierto de Death Metal, lo cual lleva también a que los atuendos sean más holgados y cómodos que los de otros subgéneros.

Sí, este soy yo expresando su corporalidad

Precisamente, otra característica interesante del Death Metal es su talante grupal en el que los eventos alrededor de este se perciben en el mejor de los casos como una fiesta donde todos se divierten, así en nuestra cultura se entienda por fiesta estrictamente chucu-chucu. Si bien persistirán en algunas personas actitudes de exclusividad y de creerse el poseedor único de un género musical, en mi experiencia reciente suele haber cierta tolerancia dentro de los conciertos de Death Metal por los demás asistentes mientras nadie se ponga a fregar la vida, y en muchos casos es evidente cierto espíritu de camaradería luego de tantos pogos y lluvias de cerveza (que se agradecen para bajar la temperatura), otorgando el aludido carácter festivo que pocos fuera parecen reconocer. Hasta donde alcanzo a ver, la música ya de por sí es lo suficientemente fuerte para espantar a quienes no la toleran, y desde los músicos de las principales bandas se admite que la violencia es ante todo espectáculo que lleva a sus participantes de un lugar negativo a uno positivo, así que no hay necesidad de posturas de quién es el más “verdadero”, y más bien se puede encontrar personas afines.

Apelando a mi lado más ñoño, en una de mis discusiones con Deena Weinstein ella sostuvo que el Death Metal tiende a ser más global al apelar a temas comunes y universales como la muerte, la destrucción o el gore, además de ser el inglés la lengua franca; argumento que aprovecho para explicar desde la geopolítica la influencia naval sobre este género. Por otro lado, el internacionalista en mí encuentra muy entretenido cómo distintos espacios geográficos han dado pie a la generación de sonidos distintivos, unos más marcado que otros, y entre fans se habla del sonido floridano, el sonido sueco, o el suramericano, por nombrar algunos. De hecho, es también muy curioso encontrar bandas que describen su sonido como el de un país, región o ciudad distinta de la cual provienen, incluso llegando a hacer peregrinaciones al estudio donde se dio su origen.

Y desprendiéndose de lo geográfico, algo que salió a flote en la discusión que tuvimos par años atrás en el Externado, Rich Montenegro, el ponente que representó a Colombian Death Metal comentó sobre una de las ventajas de este género extremo, y es que hay para todos los gustos. Desde lo más elaborado y cerebral en el Tech Death o el Progressive Death, hasta lo más visceral y punkero con el Raw Death Metal o el Deathgrind (yo considero al Grindcore género cercano y aparte, pero muchos autores lo ven como la variante británica del Death Metal, y las escenas suelen traslaparse); se puede ir desde lo más melódico con el Melodeath, hasta lo más salvaje con el Brutal Death. De este modo, es posible mantener una alta variedad de estilos y de gustos dentro de un mismo escenario, que no solo mantiene a todos los interesados tranquilos, sino que de entrada no hay enclaves fuertes alrededor de un subgénero (al fan promedio del Death le gustan todos o una amplia mayoría).

Pero lo principal, y que se deduce de todo lo escrito en esta columna ¡ES QUE EL DEATH METAL ES PUTAMENTE DIVERTIDO! A diferencia de otros subgéneros, ya sea por razones políticas y/o espirituales, el Death Metal no se toma demasiado en serio a sí mismo, e incluso hay un espacio saludable de humor (por macabro que éste sea). En adición a la ya mencionada comodidad de las prendas propias del estilo, aquí también se admite más color que el homogéneo negro, habiendo complementos con cualquier otra croma que realce lo explícito y transgresor de la estética. Pero el trasfondo de todo esto, el Death Metal es ese espacio donde uno puede quedarse en esa edad donde las narrativas de horror siguen siendo divertidas, hasta hilarantes, y que los fluidos corporales y lo grotesco tienen un componente hilarante. Aquí no hay nada más placentero que el hiperactivo impulso de causarle shock a los demás.

Esta columna no ha sido en ningún modo un ataque a los demás géneros extremos, que cada uno tiene sus importantes aportes, solo es una nota celebratoria haciendo más explícito al que celebra precisamente… ¡lo explícito! Por eso una vez más digo que es genial que el Death Metal dé muestras de buena salud, y que cada vez pase más tiempo descubriendo nuevas bandas y nuevas propuestas que mantienen la diversión andando; como también la discusión de si existen nuevos subgéneros como el “Cavernous Death Metal” (Portal, Tomb Mold o Gatecreeper parecen ser algunos de sus principales representantes), o si es mejor considerar al Death Metal como un todo unificado. Cualquiera que sea la respuesta, lo mejor es que haya diversión para rato, diversión catártica y sin refinamientos que logra mover hasta lo más profundo de las tripas, hasta rayarle los más siniestros pensamientos hasta terminar golpeado, bañado en cerveza y cagado de la risa.

¡Cuernos arriba!

Friday, January 31, 2020

UN GRAN CRUCE (RESEÑA DE LIBRO)

Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Es bueno poder decir que se arrancó bien este 2020, me causa mucha alegría volver a las aulas y retomar la enseñanza, y además de eso, por fin pude leerme Crossoverthe Edge: Where Hardcore, Punk And Metal Collide de Alexandros Anesiadis, libro que fue lanzado en octubre del año pasado. Como su nombre lo indica, el libro hace una extensa revisión de 504 páginas sobre el subgénero del Crossover Thrash durante la década de 1980, sus principales bandas, aquellas que el autor considera que son importantes y han pasado desapercibidas, otras que no necesariamente entran en el subgénero pero fueron influyentes, y las distintas escenas y/o bandas locales en varios países alrededor del globo. Como era de suponerse, este documento me es de gran interés al tratarse de uno de mis subgéneros predilectos por su velocidad, furia e impacto, y por ello, en la columna de este mes haré una reseña sobre el mismo.


De entrada, Crossover the Edge hace una interesante argumentación para definir qué es el Crossover Thrash, teniendo en cuenta que su atributo principal es el cruce entre Punk y Metal, ambos géneros provenientes de una materia primordial común como lo son los sonidos más duros del Rock. En consecuencia, el autor toma desde un inicio como referencia el libro This Ain't the Summer of Love:Conflict and Crossover in Heavy Metal and Punk de Steve Waksman, quien hace un excelente recorrido histórico demostrando que el Punk y el Metal tienen más en común que lo que los fans de ambos lados quieren admitir, desde primerísimas bandas del Hard Rock como The Stooges, MC5 o Blue Cheer, o posteriormente Motörhead. Sin embargo, Anesiadis señala correctamente que las bandas y escenas referenciadas por Waksman no logran dicho cruce de una manera deliberada sino accidental, pero no tuvo en cuenta al Crossover Thrash (ni tampoco al Grindcore, agrego yo), que sí busca que el cruce se dé manera intencional, y eso es lo que cubre el presente libro.

Así pues, el documento aquí reseñado toma en cuenta a aquellas bandas de los 1980 que deliberadamente cruzaron Punk con Metal, y no solo aquellas que tomaron el Hardcore Punk, el D-beat, el Thrash Metal y el Death Metal (lo más extremo de ambos lados en ese momento), sino también las que tomaron las corrientes más clásicas y setenteras como el Punk 77 y el Speed Metal, haciendo que el concepto clave aquí sea Crossover y no Crossover Thrash. De cierta manera, el autor deja entrever que ante todo se trata de un fenómeno americano, ya que más de la mitad del libro está dedicado a reseñas y entrevistas a bandas de los EEUU, donde se encuentran grandes nombres del subgénero como Agnostic Front, Suicidal Tendencies, D.R.I., Corrosion of Conformity o S.O.D., algunas de referencia inmediata una vez se entra a este campo Cryptic Slaughter o Wehrmacht, y otras referenciadas entre las misma bandas como Life of Agony. En segundo lugar, el país que le sigue a EEUU en espacio impreso es el Reino Unido, donde priman las bandas que provienen del Street Punk con un sonido más metalizado como Broken Bones o English Dogs.

Pero para aquellos que gusten de conocer escenas distintas a las usuales, como se mencionó anteriormente, el libro dedica un buen número de páginas para revisar las bandas y escenas que emergieron durante la década expuesta, en distintas ubicaciones del globo. De especial interés para mí, es la crudeza y fiereza demostrada por bandas originarias de Brasil como Ratos de Porão, Lobotomia, Armagedom o Skarnio, que nuevamente demuestran que el vecino país es referente importante en la Música Extrema; las italianas Cheetah Chrome Motherfuckers o Negazione; y que decir de Japón y sus cartas de amor a Discharge ejemplificadas en S.O.B. o Beyond Description. Y para aquellos que constantemente se lamentan porque a Colombia no se le tiene en cuenta, en este libro por lo menos hay un breve aparte donde se menciona a Sacrilegio de Medellín, y la larga trayectoria de una banda clásica colombiana como lo es La Pestilencia.

En cuanto al autor, todo indica que esta es su primera obra escrita al no haber mayor información sobre él, pero cuenta con el respaldo de Ian Glasper, el historiador del Punk que tiene una gran obra sobre la escena británica de los 1980 y 1990, además del Thrash Metal de esas islas, lo cual provee un sello de calidad. Alexandros Anesiadis asegura haber dedicado años de investigación, haciendo revisión de volantes de conciertos y seguimiento a bandas, y es algo que es casi imposible de refutar siendo sorprendente la profundidad que le dedica a la gran mayoría de bandas, además de ir logrando a través de sus entrevistas establecer los puntos originarios del cruce entre Punk y Metal, siendo recurrentes las menciones a los ya referenciados Motörhead y Discharge. Sumado a esto, los comentarios personales del autor reflejan la gran emoción que este siente hacia el Crossover, haciendo que uno se interese por buscar material de las bandas para mínimo formarse una opinión propia, aunque este material es de difícil consecución.

No obstante, el lunar que uno le podría encontrar a este libro es precisamente cuando la opinión se torna demasiado personal, empezando por el perdonable tufillo de importancia propia al comentar los sucesos de las bandas como si él mismo hubiese estado allí, a pesar de que en las primeras páginas confiesa haber nacido en 1981 (no solo somos cuasi-tocayos ¡somos contemporáneos!). Donde sí se pone a ratos molesto, es cuando lleva sus ideas políticas a flor de piel, empezando porque según él todo el aporte del Punk es su “consciencia política”, intentando negar así todas las bandas de Punk que no tienen un contenido político y que influenciaron al Crossover, y que además las bandas entrevistadas afirman de manera repetida el aporte de minimalismo, furia y visceralidad que el Punk aportó desde lo musical, y que no todas las bandas entrevistadas son necesariamente abiertamente políticas.

Aunque el autor asegura que no quiere ser la policía de lo políticamente correcto, sigue este comentario para dar largos soliloquios que develan una creencia en una superioridad moral (muy millenial dirán algunos, muy hippie diría yo), que es varias veces condescendiente con los fans del Metal, y ataca de ignorante a quienes no necesariamente están de acuerdo con su punto de vista. En efecto, algunas de las bandas que aparecen en el libro defienden ideologías extremas y bastante problemáticas, pero ninguna de ellas es lo suficientemente influyente dentro y fuera del subgénero estudiado, o son demasiado ignotas como para tener en cuenta, y puede lograr el efecto paradójico de generar interés por aquello que se quiere evitar. Esa militancia del autor también revela cierta falta de sentido del humor y de la diversión, atacando a las bandas que asumen una posición idiota o aquellas que utilizan el performance en su show, así como el compañero santurrón que espera que todo se acomode a sus ideas y tenga un “mensaje”.

De todos modos, nos encontramos aquí ante un excelente libro cuyos aciertos sobrepasan con creces cualquier discurso plañidero, proveyéndole al lector una vital y valiosa información sobre uno de los géneros extremos más aportantes y más subvalorados. En lo personal, disfruté mucho haciéndole este seguimiento a las bandas, dado que en mis primeros acercamientos hacia la Música Extrema en los primeros 1990 fue precisamente con bandas como La Pestilencia y Suicidal Tendencies; haciendo que para mí Metal y Punk no sean tan distantes, sino por el contrario géneros complementarios para los fans de la música estruendosa. Por ende, este libro tiene un lugar especial en mi biblioteca,y es altamente recomendado para todos los fans que reconocen que se necesita tanto de Metal como de Punk para lograr la mejor Música Extrema.

¡Cuernos arriba!

Monday, December 23, 2019

LO QUE NOS DEJA EL 2019


Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Ya estando las festividades en pleno es muy complicado que haya nuevos lanzamientos este año, y por eso decidí cerrar 2019 de una buena vez con la consabida lista de álbumes que me llamaron la atención estos últimos 12 meses, y que me parecen recomendables. Siendo final de década algunas publicaciones están haciendo un recuento de los últimos diez años, pero teniendo en cuenta que estuve apartado la mitad de esta por temas de estudios, y retomando lentamente el hábito coleccionista estos últimos años, me es difícil hacer tal recuento. Además, en estas listas me parece más interesante mostrar cosas nuevas, y por ello, lanzamientos de nombres establecidos como Birdflesh, Exhumed, Abbath, Toxic Holocaust, Possessed, Mayhem, Tool, Cattle Decapitation, KMFDM, etc… no serán cubiertos aquí. Así las cosas, les dejo aquí una lista alfabética de las producciones de 2019 con una breve reseña muy subjetiva (al no ser ni músico, ni productor musical, ni nada relacionado), teniendo en cuenta:

  • Las bandas o proyectos reseñados no llevan más de 10 años haciendo música.
  • El álbum de 2019 reseñado no es mayor al tercero en el historial de la banda o proyecto.
  • Esta no es una lista comprensiva de todo el año, algunas cosas las omití y de seguro hay mucho de lo que no me percaté.



Quienes me conocen saben que no soy muy dado a los sonidos tradicionales del Heavy Metal y sus subgéneros más fieles a ese estilo, como lo es el caso del Speed Metal. Pero esta banda de Manchester, Reino Unido, ha logrado atraparme con canciones muy potentes, y una actitud más fiestera y de no tomarse tan en serio a sí mismos. De razón, hablaba el otro día con gente más conocedora que yo de la posibilidad del retorno del Speed Metal al foco de atención, y Aggressive Perfector lo demuestra.





Hace un par de años pillé a esta banda bogotana que llamó inmediatamente mi atención, dada mi fascinación por los payasos asesinos, que es un concepto explotado por Circus Gore a plena cabalidad. Como yo me encontraba en ese entonces dándole duro al Goregrind, el nombre de la banda logró despistarme un poco y jugar con mis expectativas, razón por la cual es mejor oír a esta banda bajo sus propios términos, y darse cuenta de que se trata de una genial apuesta por el Death Metal de la vieja escuela, con un performance coherente y consecuente con sus sonidos.




Si hay una tendencia en crecida que me parezca tremendamente entretenida, sin duda alguna es el Blackened Crust, combinando lo más extremo del Punk con las atmósferas disonantes del Black Metal. originarios de Filadelfia, PA, EEUU, Devil Master está a la vanguardia de este emergente subgénero, y luego de un brutal compilado de demos y EPs lanzado el año pasado, su álbum debut es una descarga de agresión que ningún fan de la suciedad y de la crudeza puede perderse.





Pero si de descargas de brutalidad se trata, el segundo álbum de estos neozelandeses de Auckland da una muestra de los alcances que puede tener el War Black Metal como subgénero extremo, demostrando por qué es uno de mis favoritos. Sin concesiones, sin refinamientos, sin ambages, sin maricaditas básicamente; Amongst The Flames Of A Burning God fue uno de los álbumes que personalmente marcó la pauta en un año donde la crudeza y la agresión en la música prevalecieron.





En la columna pasada, una de las frases de cierre fue “HARDCORE 4 LIFE!!!”, y este joven productor neerlandés demuestra la validez de esa frase, como también por qué su país de origen es potencia en Hardcore electrónico. Además, también demuestra por qué el Terrorcore es fácilmente el más extremo de los subgéneros electrónicos, en un implacable segundo álbum que no da respiro a quien quiera saltar bajo el efecto de sus sonidos distorsionados, y beats llenos de agresión.





Por supuesto, con un nombre así solo podía tratarse de una banda de Raw Death Metal que hace tributo a Entombed y demás bandas de la original escena holmiense, y por supuesto, yo iba a reseñar por lo menos a una de esas bandas dentro de uno de mis subgéneros predilectos. De las bandas que caben dentro de este sonido tan específico, estos también neerlandeses, pero de la ciudad de Groningen, son los que logran captar ese sonido e imprimirle más fuerza, logrando ser más que una copia o un tributo, para así aportar a esta vertiente de la vieja escuela.




Noruega parece quererse deshacer de su pasado insigne en el Black Metal, y con la disquera Edged Circle Productions parece querer establecerse como una potencia en el Thrash Metal, entregándonos el año pasado semejante tromba que es Sepulcher. Esta vez, nos proporcionan de una banda de Black Thrash que no desmerece para nada, y hace que aumente la confianza por las producciones de esta disquera, que con el segundo trabajo de Inculter está logrando que este país escandinavo consolide una vez más su fama mundial en la historia del Metal Extremo.




¿Qué pasa cuando una banda es tan fan de un género específico que saca dos versiones de un mismo álbum? Este es el caso de Konepistooli, una de las grandes recomendaciones que me dieron este año, banda griega tan fan del D-Beat hecho en Finlandia, que su álbum debut existe una versión en griego y otra en finlandés (aquí les enlazo ambas), y toma su nombre del histórico fusil usado en las guerras industriales. Para aquellos como yo que no niegan sus raíces Punk y gustan de sus versiones extremas, aquí hay 14 canciones pogueables (28 si bajan ambas versiones) listas para romper cualquier pared.



A partir del nombre de la banda y de la portada de este álbum, es fácil deducir la temática central de esta banda de Osnabrück, Alemania, con su fascinación por la Primera Guerra Mundial, la cual los más densos de mente interpretarán como una glorificación, y no como la crítica que es. Y que mejor forma de musicalizar este evento histórico y sus efectos que el Thrash Metal en su corriente teutona, de la cual Minenfeld demuestran ser unos maestros en su ejecución y brutalidad en canciones que ruedan una tras la otra. Además ¡es gratis!




Continuando con la línea de crudeza, suciedad y brutalidad que me marcó este año, llega esta banda de mi natal Ithaca, NY, con un Death Metal que evoca esos orígenes oscuros y fangosos cuando el Metal Extremo era uno solo. Sorprende que de un pueblo de hippies e intelectuales granola salga semejante producto lleno de odio y agresión, que desde la producción chatarrera rememora sonidos oscuros y anti-técnicos cuyos fans reclamamos cada vez más, en este presente océano de tecnicalidad estéril y psicodelia forzada. Altamente recomendado.




Hablando de tributos, los fans del EBM notarán de inmediato que este dúo austriaco es una gran carta de amor a los pioneros Nitzer Ebb, abarcando lo musical, lo conceptual, lo estético, y lo lírico. No obstante, NZ logra imprimir más agresividad a sus canciones de lo que hiciera Nitzer Ebb (quizás por falta de recursos o de interés), resultando en un contundente EBM que pone a bailar y a cabecear a cualquiera, dado lo físico del género no temo en decir que le inyectaron esteroides, y desde ya hace parte de mis selecciones en las fiestas.




¡Recién salido del horno! No se deje engañar por la portada, no es un álbum de Black Metal, esta banda de Houston, TX, nos trae una excelente placa con todo el impacto del que es posible dar en un álbum de Thrash Metal. Hace poco alguien me preguntaba sobre el Brutal Thrash Metal o Death/Thrash, el cual revisé en una de mis primeras columnas de este año, y Summary Execution at Dawn es una buena muestra de lo que me refiero con ese término, en particular porque Oath of Cruelty sabe dar en el punto exacto del intersticio entre Thrash Metal y Death Metal.




En un año donde me reconecté con mi pasado industrialoso, en el que escribí un capítulo de libro sobre la escena local junto a mi socia de los Estudios en Música Metal – Colombia (pendientes a publicación), y esto contribuyó a encontrarme con viejos amigos, aparece esta banda de Medellín con una fuerte influencia Cyberpunk para reforzar mi alegría. Influenciados por el cénit del Industrial Metal, Perros de Reserva entrega un álbum debut esperanzador, dejando en claro que estos son los sonidos del futurismo.




Nada tan reconfortante como saber que aún hay bandas dentro del Brutal Death Metal que no caen en los embrujos del Slam, sumado al hecho de que van en esa línea de crudeza y brutalidad que he aludido a lo largo de esta lista, siendo el álbum que marcó la pauta a inicios de este año. También procedentes de Filadelfia, esta banda resonará con los brutaleros locales, quienes encontrarán en Pissgrave una banda que satisfará sus necesidades de extremidad sonora y visual.





Como era de esperarse, Finlandia tampoco se quedó por fuera de la lista de fin de año, esta vez con el álbum debut de la banda de Joensuu que no tiene ningún temor en hacer un Raw Thrash Metal sucio, rápido y eufórico, perfecto para pisar el acelerador de cualquier vehículo de combustión o azote de greñas. Con una impronta particular, Scumripper le arrancará la piel de la cara a cualquier descreído, y se orinará en aquellos que crean que el Thrash ha muerto, o que se debe ser prolijo a la hora de tocar Metal.





Países Bajos hace su última entrada en esta lista, y justo al límite de la misma, al tratarse de un proyecto que cumple su décimo aniversario presentando su tercer álbum. Sinister Souls logran producir un Crossbreed bastante enganchador y equilibrado, en donde el Hardcore y el Drum & Bass encuentran una representación equitativa y sin ser forzada, logrando dar una voz especial a este subgénero electrónico. FCKN Hostile claramente hace un llamado a la Música Extrema al utilizar varios tropos de la misma, en un álbum que logra ser simplemente cautivador.




Este dúo neoyorquino se ha caracterizado desde hace seis años por llevar al EBM a sus máximos extremos, inyectándole altas dosis de Industrial tradicional logrando un producto mucho más distorsionado, ruidoso y agresivo. En Asphyxia, su tercer álbum, logran perfeccionar su sonido, que a mis oídos es un EBM tanto bailable como pogueable, manteniendo el golpe marchante de este tipo de géneros, mientras reivindica la búsqueda de la abrasión sonora de los primeros colectivos industriales, y por ello queriendo presentar su sonido como algo “Post-Industrial”.




14 canciones en 13 minutos de pura furia y descarga. 14 canciones en 13 minutos de puro enzorre para la gente. 14 canciones en 13 minutos de descontrol, desconcierto y chispitas de colores. 14 canciones en 13 minutos de puro Cybergrind sin destilación alguna. No se dejen engañar por el rosado y el yaoi, este álbum es muy rudo.







¡¡¡UUUUUUFFFFFFF!!! Aquí hay una banda que no se va con cuentos, su objetivo es claro y es lograr la máxima fusión de las corrientes del Death Metal vieja escuela: Death Metal floridano, Raw Death Metal y Death/Thrash ¡Y cumple dicho objetivo con creces! Esta banda nativa de Portland, OR, no es apta para aquellos débiles de temple o con fallas cardiacas, con un debut que demuestra que aún hay mucho por hacer en el Death Metal, y que no deja de ser uno de los géneros extremos más brutales, en adición que demuestra la fase consolidación que vive el Metal hoy en día ¡¿qué esperan?!



Existen disqueras que con solo nombre inspiran respeto, debido a que mantienen un sello característico en sus producciones, sin dejarse llevar por las tendencias o modas del momento, entregando productos con la calidad esperada. Ese es el caso de Industrial Strength Records que desde la década de 1990 ha sido el hogar de grandes exponentes del industrial Hardcore y el Speedcore, y en este, el álbum debut de los multinacionales 909 Junkies se mantiene esa línea dura que recuerdas a proyectos clásicos como Disciples Of Annihilation. Violencia sonora que no teme en subir la velocidad y utilizar simples inspirados en el Metal, 909 Junkies para lograr la máxima destrucción auditiva.


Con esto presento mi lista sin antes querer hacer unas breves menciones de álbumes que salieron este año, pero que no cumplieron con las condiciones que presenté al inicio, como es el caso del Origino of Murder, tercer álbum de los geniales Amputated Genitals que son una muestra del buen Brutal Death Metal que se hace aquí. Otro álbum sería el Weeping Choir de Full of Hell, banda que nos visitó en un brutal concierto junto a Rotten Sound deleitándonos con su cruce entre Grindcore y Power Electronics. Ya que esta lista tuvo harto Thrash Metal, quiero mencionar a los turcos y su álbum Into the Armaggedon que a todas luces se nota su reverencia y respeto por este género extremo. Así entonces, los dejo por ahora deseándoles un feliz cambio de año, que se intoxiquen, y quedo atento a cualquier sugerencia o cosa que omití.

¡Cuernos arriba!

Thursday, November 28, 2019

EN LA MENTE DE UN CORE


Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Otro semestre que se acaba, incluso otro año y otra década que están viendo su final. Además, aunque se ha venido poco a poco calmando, al instante que escribo estas líneas el país, y otras partes del globo, atraviesan momentos de protestas social y descontento, que con mis buenos amigos de Hammerheart: El Baúl del Metal hicimos un análisis que espero puedan ver. Todo esto trae consigo cierto agotamiento físico y mental adicional al que se experimenta en un cierre de año, sin contar con el hecho que la clase de Música Extrema no se reabre hasta julio, y siendo honestos lo que a mí me pone de malas pulgas en estas fechas es la inactividad, en especial no tener un auditorio. Por tales motivos, en la columna de este mes les voy a transcribir algo que escribí en mis notas personales hace un rato, e incluiré uno que otro comentario adicional que se me vaya ocurriendo en corchetes cuadrados. Ahí les va:


En la mente de un CORE

Interrumpimos el escrito en curso (que igual hace rato no avanza) para traerles un emocionante escrito de último momento…

Eso es estar en la mente de un CORE, viene una idea que se estrella con otra, y luego viene algo más emocionante, y suele terminar en un rompecabezas que no encaja. Es saltar de la emoción por algo genial y luego preguntarse: “¿qué hago en esta habitación?” (Una vez fue tanta la emoción que me abrí la cabeza al saltar justo debajo del marco de la puerta de mi habitación).

Pero mejor empiezo por el principio, y cuando termino, me callo (cosa difícil).

El término CORE lo tomo de Hardcore, que en inglés es algo así como fuerte y difícil de digerir, palabra que me fascina desde que la escuché por primera vez a los 14 años (mi nacimiento, por alguna razón [yo sentí que reinicié mi vida en 1995]). Y mira tu, según Urban Dictionary traduce intenso, implacable (o la identificación… en inglés relentless me suena más). Por ello no sorprende que en la segunda oleada del Punk su manifestación más extrema recibiera ese nombre, tomando la velocidad de bandas como los Ramones o los Damend, la rabia de los Sex Pistols, y lo “calle” de los Clash. De ahí en adelante, se utilizó ese sufijo CORE para denominar los estilos musicales que tuviesen o superaron esa intensidad, y sobre todo que explotaron en velocidad, culminando con el Grindcore, que suma Death Metal e Industrial a la mezcla (existe un cielo, como diría Alex, gorgeousness and gorgeousity).

Claro, yo el Hardcore lo conocí en los 90’s y era la moda del HC influenciado por el Rap y estilos más lentos y sincopados, que para algunos suena más “rudo”, pero que yo encuentro soporífero, y pa colmo de males ha definido al Hardcore desde entonces.

Por eso ando brincando en una pata al caer en cuenta (casi que no) en una de mis clases que en la música electrónica desde el Hardcore Techno o Gabber esa idea original de intensidad (velocidad ante todo) e implacabilidad se mantuvo ¡¡Vida HP!! ¡¡Vida HC!! Speedcore, Terrorcore, Frenchcore, Happy Hardcore, Industrial Hardcore, hasta el Doomcore mantienen las altas revoluciones… Ahora, a pesar de comprar memoria externa, y tenerla junto al teléfono a punta de reventar de mp3, hice un playlist de Hardcore electrónico y no escucho más…



Es que así se vive en la mente de un CORE, la intensidad y la implacabilidad se gozan de la misma manera: a nivel 11, con esteroides, de manera irrefrenable, seguro ahí juegan dopamina y serotonina y demás endorfinas tremendamente adictivas (no sé si esto es exacto, la biología me marea), y querer mantenerse así. Ser el Sombrerero Loco o la Liebre de Marzo en una eterna loca fiesta del té al estilo de la peli animada de Disney (el libro es más aplacado), pero me conformo en ocasiones siendo el
Gato Cheshire que sonriendo deconstruye la rigidez de Alicia. Es una mente que buscando esas emociones intensas exprime hasta el último centímetro cúbico un tema apasionante para lograrlo.Es intentar vivir como una de las mejores caricaturas de los Looney Tunes, y se acude a ayudas externas para lograrlo, todo con tal de lograr carcajadas descontroladas (1000+ memes al día no son coincidencia).




Pero también es ver el mundo moverse en una eterna cámara lenta, que el cuerpo se desgasta y se cansa, que la gente se aburre y/o no entiende el chiste. Que sobresalir no cae bien y sucede como las metáforas del balde de cangrejos o la amapola más alta. Ser considerado demandante, abrumador, y la gente se vaya o simplemente muera. Lo peor del caso, como dicen en Girl Interrupted, uno es uno amplificado (11+), y si la alegría se vuelve euforía, las demás emociones estallan sin medida y con igual velocidad [leyendo estos días biografías de gente con trastorno bipolar, me parece tremendamente injusto que los episodios depresivos suelen ser más duraderos que los episodios hipomaniacos].

Dándole la vuelta es algo también muy particular. Aunque no se encuentre quien resuene a uno al 100%, es saber que no se es parte de la manada que solo busca estándares. Me enloquece que incluso los “rudos” se van por la técnica, la finesse, y la sutileza, y en serio somos pocos los que vamos por el frenesí en sí mismo. Y está bien, así uno ve más colores que los que se perciben normal- [acabo de notar que en el manuscrito original me salté dos páginas, dejándolas en blanco] -mente, y hay quienes agradecen una dosis habitual de estos. (No sé por qué dicen que soy “Darks”). A veces, yo quisiera ser Black Bolt, quien por su enorme poder no puede ni hablar, y así comanda un gran respeto (¿mi sombra jungiana?). Pero el CORE es más como Deadpool, o el guasón de Heath Ledger (tan CORE que lo mató), o toda la película de Mad Max: Fury Road. Uno simplemente no para, y es aburrido cuando pasa.

Antes de irme, una gran lista de lo que a mí juicio sería el gran playlist CORE, sería lo mejor de:

  • Ramones+Misfits (versión Danzig)
  • Hardcore Punk
  • EBM
  • Street Punk
  • Crossover Thrash
  • Terrorcore
  • Grindcore
  • Goregrind carcassiano
  • War Bestial Black Metal
  • Hardcore (Gabber)
  • Thrashcore
  • Frenchcore
  • Raw Death Metal
  • Brutal Thrash Metal (o Death Thrash)
  • Industrial Hardcore
  • Crust Punk (incluye D-beat y Raw Punk)
  • Speedcore
  • Raw Thrash Metal
  • Old School Death Metal
  • "Norsecore"
  • No Wave


La clave es intensidad y velocidad (sobre todo la segunda, he llegado a cabecear Merengue, Bluegrass y Puya por eso) [Les pensaba dejar muestras de cada subgénero, pero prefiero que se los averigüen].

Y al mejor estilo CORE me despido, porque sé que al terminar esto diré: “¡¡JUEPUTA!! ¡Olvidé poner esto!” [y así fue]. Pero no importa, vivir en mi mente significa que vivo reescribiendo mi historia (¿otra vez tu, Joker?), y que prefiero consumirme a decaer.

HARDCORE 4 LIFE!!!
¡Cuernos arriba!

[Definitivamente mis profes universitarios hicieron un gran trabajo al enseñarme a escribir ¡ja ja!]



Wednesday, October 23, 2019

A LA LARGA ES COMO LO MISMO…


Por: Alejandro “El Profe” Bohórquez

#ElProfeDelMetal

Un saludo metalero. Ya terminando semestre con cierta melancolía, ya que la clase de Música Extrema no se vuelve a dictar hasta julio 2020 (y quien sabe qué pueda pasar); a la vez con la alegría que trae tener nuevas ideas y perspectivas que solo son posibles en un aula de clase, en la discusión con los alumnos. El día anterior a escribir estas líneas, me encontraba dictando la única clase que prefiero tener a puerta cerrada en todo el semestre, que es la de Ideologías Extremas, donde se analiza principalmente la aparición de discursos políticos altamente militantes, como el nazismo o el comunismo y demás ideologías totalitarias, en la Música Extrema y géneros musicales afines. Durante la investigación, no pude evitar observar ciertos paralelismos que se vienen dando dentro del campo de la música y las artes en general, más aún cuando nos encontramos en una temporada electoral bastante controversial y preocupante.

Siguiendo con el anecdotario, recuerdo que una de mis principales motivaciones para entrar a una facultad de Ciencia Política era aprender las distinciones entre las distintas ideologías y teorías políticas, y a eso dediqué buena parte de mis primeros semestres con la ventaja de que hoy dicto la clase sobre ideas políticas. Con el tiempo, pude identificar cómo las ideologías políticas en cierto modo reemplazaron el papel social de la religión a partir del inicio del modernismo, y esto es, brindar respuestas sencillas a las grandes preguntas trascendentales que solemos hacernos los seres humanos, tanto así, que el siglo pasado es recordado por muy buenas razones como un constante conflicto ideológico. Es más, hoy en día persiste vivamente la idea de que necesariamente se debe tener una ideología, y a varios les es incomprensible el que no se tenga, no muy distinto al creyente que niega que pueda haber gente atea (“¡¡USTED EN ALGO TIENE QUE CREER!!”), y ya antes he recibido lamentos plañideros al soportar mi postura frente a aquellos que creen que solo se puede ser rebelde si se abraza una causa (el rebelde sin causa sigue siendo tremendamente problemático para ambos lados del espectro).

Dicho esto, quisiera comenzar con lo premoderno y hacer alusión al más comentado, criticado, vilipendiado e insultado de mis videos, en el cual participo en una discusión sobre la existencia de Black Metal cristiano. Por supuesto, muchas de las ofensas van hacia el lado cristiano, y con toda razón; complementando a lo que digo en este debate sobre la neutralidad de los sonidos y que por ello cualquiera puede cantar lo que quiera encima de estos, pero la música sí es algo socialmente construido, y el Black Metal precisamente busca evocar todo aquello que el cristianismo repudia desde sus mismos sonidos, así que el Black Metal cristiano es como un Reggae neonazi. Pero no es de sorprenderse, tenemos versiones cristianas de todo lo que se supone el cristianismo está en contra, o criticó en algún momento, y así toca hacer la filtración de todo este material no pedido y que solo está hecho para que los seguidores del nazareno no sientan contradicción entre creencias y gustos ¡incluso hay porno cristiano!

En cuanto a la clase de ayer, uno de los casos tratados es la aparición del NS Black Metal, que como su nombre lo indica, sin ambigüedades abraza ideales fascistas y neonazis, y los incorpora a la filosofía y el sonido del Black Metal. Si bien es cierto, que al buscar imaginarios que le sean molestos al resto de la sociedad varios géneros extremos se han apropiado de los recursos del arte totalitario, desde la provocación Punk, el pastiche Industrial, y la exploración del lado oscuro por parte del Metal; también resulta incongruente y contradictorio que en el Black Metal, de por sí el género que lleva el individualismo romántico del Metal a sus máximos extremos (otro de los cabezazos de este semestre), más allá de mostrar una fascinación por la maldad percibida en este tipo de ideologías, se muestre una fidelidad a éstas, siendo que son ideologías que ponen al colectivo por encima del individuo, y a todas luces son una muestra del borreguismo que tanto dice atacar. De igual manera, el que haya una “respuesta” a este tipo de bandas creando un Black Metal “Rojo y Anarquista” lleva a la misma contradicción, y solo es la otra cara de un mismo problema.

Y he aquí donde encuentro la similitud, al tratarse de productos que buscan ya sea resolver las contradicciones en gustos de sus adeptos o bien explotar un mercado latente, en mi ignorancia no creo que un cristiano devoto encuentre gozo en las disonancias del Black Metal, o que un fascista acérrimo encuentre placer en los derivados de lo que alguna vez fue “arte degenerado”. Aún así, es posible encontrar: Punk, Heavy Metal, Techno, Hip Hop, Folk, Gothic, Gabber, y cualquier otro género musical que haya sido parte de un auge juvenil, tanto cristiano como neonazi, haciendo que también se vea como un evidente intento por ambas partes de cooptar cualquier manifestación de este estilo. Adicionalmente, algo que también es similar en ambos casos es que el 99.99% de lo que sale bajo estos sellos es de muy mala calidad, al poner el discurso por encima de la música, logrando afortunadamente que sea fácil identificarlos.

Yendo más allá, el núcleo de todo este asunto está precisamente en que la postmodernidad admite este tipo de cruces sin inmutarse, y su fenómeno hermano, la globalización, da para que se den este tipo de conexiones ideológicas y comerciales. No es de extrañarse que en estos últimos años tan turbulentos la gente vuelva a aquello que le provee una respuesta y un regocijo, por ingenuos que estos sean, y ha sido claro en más de una ocasión en la historia que pegarse a la histeria de las masas es una forma fácil y eficiente de librarse de cualquier responsabilidad intelectual. Si en serio se busca hacerle pistola a la sociedad y su habitual borreguismo, de pronto no es lo mejor pegarse a doctrinas que buscan uniformidad y se basan en una figura líder, y quizás sí mostrar cierto distanciamiento y un verdadero ojo crítico. Hasta entonces, los dejo que me voy a seguir a James Dean.

¡Cuernos arriba!

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